Siria vive días oscuros.
Desde el jueves 6 de marzo de 2025, una emerge una imagen espantosa.
Los enfrentamientos entre fuerzas del gobierno interino y leales al derrocado Bashar al-Assad han dejado más de 1.300 muertos en 72 horas.
Vídeos que circulan en redes muestran a tropas gubernamentales e islamistas de toda calaña ejecutando civiles como corderos, especialmente a alauitas y cristianos.
Es una persecución sectaria que reabre heridas de la guerra civil.
La violencia, concentrada en la costa de Latakia y Tartus, pinta un cuadro desgarrador.
Todo empezó con una emboscada.
Leales a Assad, de la secta alauita, atacaron a las fuerzas de seguridad en Jableh.
El gobierno, liderado por el islamista Ahmed al-Sharaa, respondió con dureza.
Pero la represión se salió de control.
Testigos cuentan que grupos armados, algunos vinculados al gobierno, entraron en aldeas alauitas, matando familias enteras.
En Al Mukhtareyah, videos muestran cuerpos en el suelo mientras una voz grita insultos sectarios antes de disparar.
La cifra de civiles muertos supera los 1.000, según observadores.
La persecución no se limita a los alauitas.
Los cristianos, minoría histórica en Siria, también sufren.
En Latakia, una región mixta, se reportan asesinatos de familias cristianas, como los Petrus, padre e hijo griegos antioquenos, ejecutados el viernes.
Casas quemadas, saqueos y desplazamientos forzosos acompañan esta oleada de violencia.
“Es un caos total”, dice un residente que huyó a Lebanon.
El miedo recorre las comunidades minoritarias, que ven en esto una venganza tras décadas de dominio alauita bajo los Assad.
El gobierno de Sharaa, surgido tras el derrocamiento de Assad en diciembre, prometió proteger a todos.
Pero sus palabras chocan con la realidad.
Su grupo, Hayat Tahrir al-Sham (HTS), de raíces islamistas, lucha por controlar a las facciones armadas.
Algunos culpan a “elementos individuales” por los excesos, pero las imágenes de ejecuciones masivas sugieren algo más sistemático.
El domingo, Sharaa anunció una investigación, pero no mencionó a los responsables entre sus filas. La confianza en su liderazgo se tambalea.
Los leales a Assad no se quedan atrás.
En Baniyas, atacaron una planta eléctrica, mostrando que aún tienen fuerza.
Ghiath Dallah, exgeneral de Assad, ha llamado a una rebelión abierta contra el gobierno.
Esto complica aún más el panorama.
La violencia sectaria entre sunitas, que dominan el nuevo régimen, y alauitas, ligados al pasado, podría arrastrar a Siria a un conflicto aún más profundo.
Un país al borde del abismo
La caída de Assad abrió una caja de Pandora.
Los islamistas buscan consolidar poder, pero alienan a las minorías.
Los alauitas, unos 2 millones de personas, temen ser borrados.
Los cristianos, apenas un 2% de la población, enfrentan una amenaza existencial.
Si Sharaa no controla a sus fuerzas, el caos sectario podría durar meses. L
a comunidad internacional, con condenas de figuras como Marco Rubio, pide justicia, pero la acción concreta brilla por su ausencia.
Los cristianos en Oriente Próximo: un legado bajo amenaza
- Números: Antes de 2011, los cristianos eran un 10% de la población siria (unos 2 millones). Hoy, quedan menos de 300.000.
- Persecución: En Irak, su número cayó de 1,5 millones en 2003 a 150.000 tras el auge de ISIS. En Siria, la guerra y ahora esta violencia agravan su éxodo.
- Historia: Son herederos de las primeras comunidades cristianas, como las de Antioquía.
- Anecdota: En 2014, ISIS obligó a cristianos de Mosul a pagar un impuesto especial o morir. Muchos huyeron.
- Realidad actual: En zonas como Latakia, la persecución sectaria revive temores de genocidio. Organizaciones humanitarias alertan que, sin protección, podrían desaparecer de la región en una década.