• Hernï¿œn Rivera Letelier. Iï¿œAKI ANDRï¿œS

    Hernï¿œn Rivera Letelier y el detective de la tostada con mantequilla

    A Hernᅵn Rivera Letelier (Talca, 1950) le delatan sus manos, dos gᅵrgolas de sal talladas a lo largo de los 30 aᅵos que trabajᅵ como minero. Se iniciᅵ en las letras de niᅵo vendiendo diarios por las calles de Antofagasta y escribiᅵ sus primeras pᅵginas de noche y a escondidas, embriagado, dice, por el cansancio de las largas jornadas en el desierto de Atacama. A los veintitantos se atreviᅵ a mandar unos poemas a concurso y, al poco, su nombre apareciᅵ a grandes titulares en los periᅵdicos nacionales. ᅵAl dᅵa siguiente, cuando aparecᅵ en la salitrera, todo el mundo se cachondeaba de mᅵ, recuerda. ᅵMe decᅵan la Gabriela Mistral de la pampaᅵ. Cuenta Rivera Letelier que tiene manos de excavador porque el oficio de escritor consiste precisamente en desenterrar historias, que ᅵl ambienta en las siempre desapacibles salitreras del norte de Chile. Como Humberstone, que fue el escenario de su infancia. Tras el ᅵxito de El arte de la resurrecciᅵn, que le valiᅵ en 2010 el Premio Alfaguara, el escritor chileno se adentra ahora y por primera vez en el gᅵnero de la novela negra con La muerte es una vieja historia. ᅵDespuᅵs de leer El largo adiᅵs de Chandler me propuse escribir una historia policiaca, pero que no obedeciera a ningᅵn decᅵlogo estilᅵstico, sino que me saliera directamente de las tripasᅵ. Asᅵ, por ejemplo, el detective de su novela, el Tira Gutiᅵrrez, anda con una tostada de mantequilla en el bolsillo como ᅵnica arma mientras persigue con ayuda de una joven religiosa a un violador en los aledaᅵos del cementerio de Antofagasta. ᅵSoy alᅵrgico a la violencia y antibelicistaᅵ, confiesa. Tambiᅵn se dice antimetᅵdico en lo que se refiere a las rutinas de trabajo. ᅵEscribo con los cinco sentidos engrifados en la historia que estoy contando. No escucho mᅵsica, no tomo cafᅵ ni bebo whisky. Trabajo en un rincᅵn de casa mirando a la paredᅵ. Cuando se cansa, acude al Cafᅵ Central de Antofagasta, donde los camareros se dedican a espantarles los turistas capitalinos para que pueda avanzar pᅵginas. Tras sus inicios como poeta, Rivera Letelier se lanzᅵ a contar historias de la mano de Leopoldo Marechal. ᅵAntes de leer Adᅵn Buenosayres pensaba que la novela era cosa de tontos. Pero entonces me di cuenta de que se podᅵa hacer poesᅵa en prosa sin hacer el ridᅵculoᅵ. Desde entonces vive de lo que escribe, ᅵsin muchos lujos, pero tampoco deudasᅵ, y no deja de asombrarse de la fama que le rodea a raᅵz de sus ᅵxitos literarios y de la adaptaciᅵn de varias de sus historias al cine y la televisiᅵn. ᅵEs algo que me da en las pelotas y a lo que no me termino de acostumbrar. Todavᅵa hoy cuando me miran mucho por la calle me llevo la mano a la bragueta...ᅵ. En un momento de La muerte es una vieja historia, el protagonista reivindica la importancia del lenguaje en los tiempos sombrᅵos de Pinochet. ᅵDurante la dictadura, las torturas eran apremios ilegᅵtimos y los desaparecidos, gente no habida. Recuerdo haber escrito un poema en 1973 titulado Epitafio a mi padre muerto que decᅵa: 'No levantᅵis de ese modo las cejas, el viejo se muriᅵ de silicosis'. ᅵQuᅵ ironᅵa! Supongo que tambiᅵn llegarᅵ el dᅵa en que llamemos por su verdadero nombre al payaso de Trump".

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